Con la selección en 1985. Es el segundo parado, de izquierda a derecha |
Rafael Lastra Veracierto
Fotos cortesía Luis Edgardo Aguilar y Venezuela Fútbol
“Pío” para su natal Cumaná. “Cachorro” para la familia Vinotinto.
Carlos Betancourt Campos, el muchacho
criado con Leche Klim, como solía decir su primo Eutimio
Lastra, siempre enseñó sus capacidades en pro de los resultados positivos que
desde la opinión pública se le exigía al fútbol venezolano.
“A mí me tocó una época en la que había
que sobreponerse y aprovechar cada oportunidad en la selección para dejar en
alto al país”, confesó desde el zaguán de la casa de sus padres, en la calle
Zea, cerca del casco central de Cumaná.
No era muy aplicado en el liceo, pero
sus sueños de fútbol se alimentaban en el verdor del Parque Guaiquerí, donde,
además, las matas de coco se transformaban en porterías. Allí también había ido
Eutimio (18 años mayor que él), quien era su referencia como lateral derecho en
el equipo amateur Tabacos El Peruano.
“Eutimio era un fenómeno, un defensa
difícil de pasar; un tipo muy respetado y de gran humanidad”, comentó de quien
también hubo de destacarse en la selección de Ingeniería de la UCV, entre 1958
y 1960.
Generación talentosa
Un tropel de regates de pierna zurda y
proyecciones ofensivas documentaron el expediente de aspiraciones de Betancourt
ante cazatalentos y entrenadores de turno.
Tras el subcampeonato con Sucre en el
nacional juvenil de 1975 en Puerto La Cruz, debutaría, tres años después, en la
primera división con el Atlético Zamora. “En ese tiempo, jugábamos uno o dos
venezolanos”, señaló “Cachorro”,
un apodo que le colocara su compañero uruguayo, Carlos Malceñido.
Atlètico Zamora siempre fue un equipo bravío en su reducto de La Carolina |
La luna de miel en Barinas duró cuatro
años: en 1980 fue figura del plantel que alcanzara la Copa Venezuela. Hasta
hace poco más de un lustro, dicho performance constituía un hito para este
equipo, siempre animador, bravío en su reducto de La Carolina, pero que en ese
entonces no podía superar el linaje que representaban Deportivo Táchira,
Estudiantes de Mérida, Portuguesa FC, Atlético San Cristóbal, Galicia y
Deportivo Italia.
“La final de esa Copa Venezuela se la
ganamos a un gran equipo como el Valencia de ‘Cata’ Roque. En Barinas, hubo fiesta total”,
recordó.
En su perfil de Facebook, el cronista barinés, Luis
Edgardo Aguilar, rememoró otro momento estelar del cumanés: en 1982, en el
partido para salvar la categoría, Zamora se valió de un gol de media distancia
de Betancourt para batir al Deportivo Portugués.
“Le pegué fuerte y al ángulo, no pudo
hacer nada Toro (Alexis, el guardameta del Portugués y quien fuera titular de
la Vinotinto juvenil en el Suramericano de 1977 en Valencia)”, evocó.
Fue campeón de Copa Venezuela en 1980 |
Su andar por el balompié nativo
prosiguió en Estudiantes de Mérida (1983), Deportivo Italia (1984), Nacional de
Carabobo (1985), Salineros de Araya (1986) y Pepeganga Margarita (1987-1990).
También militó en Mineros de Guayana
(1991), Industriales del Caroní (1992), Atlético Anzoátegui (1993) y Marinos de
Sucre (1994).
“Al año siguiente, Richard Páez me
llamó para ir a la ULA; agradecí que me tomara en cuenta, pero tuve que atender
asuntos familiares y decidí retirarme”, indicó quien luego aceptara el cargo de
entrenador de las selecciones de fútbol de la Universidad de Oriente (UDO), en
Cumaná. Ya hoy está jubilado.
El oro de todo un país
Paralelo a la actuación en los clubes,
fueron in
crescendo sus
presencias en la selección en competencias internacionales.
En los Juegos Centroamericanos y del
Caribe de 1982, en La Habana (Cuba), formó parte del equipo que obtuvo la
primera medalla de oro del balompié nacional en esas lides.
El oriental abrió la cuenta de la
goleada 6-1 sobre Antillas Holandesas. Jugó todos los partidos. “Estábamos muy
bien y cumplimos con el objetivo, aunque allá los campos eran unos peladeros de
vergüenza (…) El juego de seminales que le ganamos 1-0 a Cuba lo vio Fidel
Castro desde la tribuna”, relató.
Venezuela solo perdió con México en la
ronda inicial, pero en el match decisivo operó la venganza a través de Bernardo
Añor. “Esa generación tenía mucho talento con ‘Cheché’ Vidal, Añor, Zubizarreta, ‘Cherry’ Gamboa, ‘Fósforo’ Cedeño, Nelson Carrero y otros”,
sostuvo Betancourt, quien para ese tiempo se desempeñaba como lateral izquierdo
de ida y vuelta.
Integrar la comarca de zagueros no
representó un obstáculo. En realidad, nunca renunció a jugar en la que consideraba
su zona de confort: de tres cuartos de cancha en adelante.
“Sé que ‘Pequeño’ Rondón es el cumanés que ha hecho más
goles en el fútbol profesional venezolano, pero él no tuvo una temporada de 21
goles como la mía con Pepeganga en 1988”, afirmó.
Betancourt no lograría el liderato de
goles en la más elevada categoría, pero vistiendo la camiseta de Pepeganga
anotó 46 dianas. Ello sin olvidar otra treintena más como máximo artillero en
la segunda división con Salineros y el propio elenco neoespartano.
Irreverencia y dignidad
Como lateral iconoclasta, se cansó de
proponer duelos y desbordar rivales en el fútbol de los Juegos Panamericanos de
Caracas en 1983, lo que entusiasmó a miles de torcedores en el estadio Brígido
Iriarte de El Paraíso.
Quien suscribe,
en esos años de adolescencia, fue testigo del esfuerzo Vinotinto y el empeño de
Betancourt por incordiar a la maraña celeste. No obstante, la ejecución del
tiro libre de José Batista (“el pelón ese”, como se oía en los repletos
pasillos del estadio caraqueño) resultó imposible para el meta César “Guacharaca” Baena.
“No debimos
perder contra Uruguay esa tarde; hicimos méritos para, por lo menos, empatar”,
reflexionó.
En el siguiente
compromiso, la Venezuela de Manuel Plasencia venció 3-2 a Bermuda, pero no pudo
acceder a semifinales.
Ese mismo año,
ante Uruguay y Chile en Copa América, Betancourt fue titular en todos los
cotejos de la selección nacional que dirigiera Roque.
En el Centenario de Montevideo, no solo
se sufrió la goleada de 0-3 sino que hubo que afrontar la furia de los
jugadores y la afición charrúa que reclamaban al merideño René Torres la lesión
que apartó de aquel evento a su estrella, Fernando Morena.
“Prácticamente
todos tuvimos que defendernos a golpes de las agresiones. Pasamos cuatro horas
para poder salir del estadio”, precisó.
Venezuela cayó
0-5 versus Chile en Santiago y 1-2 ante Uruguay en el Brígido. En el lance de
despedida, los criollos sorprendieron a los araucanos, que al igualar sin goles
quedaron eliminados de esa Copa América.
“Le tapamos la
boca al atorrante técnico de Uruguay (Omar Borrás), quien declaró que le íbamos
a regalar la clasificación a Chile. Te cuento que en ese juego en el Brígido,
el arquero de Chile, ‘El
Cóndor’ Rojas, nos
increpaba a medida que avanzaba el reloj y nos decía que los estábamos
perjudicando”, abundó en su vivencia.
No fue penal
Nacido en la Primogénita del Continente el 10 de noviembre
de 1957, Betancourt fue labrando su prestigio de jugador técnico, pierna zurda
educada y olfato de gol en las selecciones nacionales.
En 1985, se convirtió en el primer
cumanés en disputar con la Vinotinto absoluta unas eliminatorias suramericanas
al Mundial. Sin embargo, no llegó a intervenir con la plenitud que hubiese
deseado: apenas alineó en el último de los seis partidos de la competencia. Fue
en la derrota 0-2 contra Colombia, en el estadio Campín de Bogotá.
En esa 5ª presentación oficial con la
selección de mayores, Betancourt se desplegó en la pradera siniestra. “En ese
juego, perdimos con un penal que no fue. No lo hicimos mal, pero nos pegó la
altura”, reconoció.
Fue el primer cumanés en jugar para la Vinotinto en unas eliminatorias mundialistas |
“Cachorro” no siente ningún rencor hacia Roque tras decantarse por la
experiencia de Emilio Campos como marcador de punta izquierdo en esa
eliminatoria. Cree que hizo los méritos suficientes para ser el elegido en la
posición y de hecho, así lo esperó dada la confianza en los encuentros
preparatorios.
“Yo me llevé siempre muy bien con
Emilio. Esa decisión de Roque, la respeto. En esa selección había jugadores
bien dotados técnicamente como William Méndez y Carlos Maldonado. Creo que
merecimos mejores resultados ante la Argentina de Maradona (2-3) y Perú (0-1)
en San Cristóbal,” contó Betancourt.
En Pueblo Nuevo, el cumanés siempre
anduvo cómodo. Allí marcó varios goles como ariete de Pepeganga Margarita.
Lástima que una encomiable primera rueda en la Copa Libertadores de 1990, en la
que se derrotó a los uruguayos Progreso (1-0) y Defensor Sporting (1-0), así
como a Mineros (2-1, con un tanto suyo), terminara en dos goleadas (0-6 en San
Cristóbal y 0-3 en Buenos Aires) ante Independiente de Avellaneda en octavos de
final.
“Pignanelli (Víctor, DT uruguayo y
exseleccionador de Venezuela entre 1991 y 1992) me tuvo mucha confianza,
valoraba mi trabajo. Pepeganga era un equipo aguerrido, sin complejos y por
eso, dio esas alegrías en la Libertadores”, explicó quien fuera de la partida
durante los ocho lances coperos.
Betancourt (primero de derecha a izquierda de los parados) brilló en la Libertadores de 1990 |
Son innumerables los recuerdos. “Dan
para hacer un libro”, sonrió Betancourt, mientras saludaba a sus paisanos en
las distintas locaciones de la Primogénita del Continente donde se desarrolló
este diálogo.
Cuando hablaba, sus ojos no dejaron de
admirar los sitios emblemáticos, recorridos entre anécdotas y añoranzas: la
calle Zea, el Parque Guaiquerí, el río Manzanares, Playa San Luis, el Castillo
San Antonio de la Eminencia, la Casa de Andrés Eloy Blanco, el Polideportivo ‘Lalito’ Velásquez…
Casi todo en su vida ha tenido que ver
con el fútbol y Cumaná. “No es de otra manera”, insistió.
Y nadie podrá negarle que fue el
Cachorro de aquella Vinotinto.
Twitter:@rala1970
Excelente escrito. Cómo recuerdo aquél Pepeganga Margarita. Toda una osadía futbolística de mi Isla.
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